A la hora de comprar un electrodoméstico, renovar un sistema de climatización o incorporar nuevos equipos a una empresa, el precio inicial suele ocupar buena parte de la decisión. Sin embargo, ese importe solo representa una parte del coste real.
Un equipo seguirá consumiendo energía durante años. Por eso, dos modelos con un precio parecido pueden tener un coste de uso muy diferente. La etiqueta energética sirve para detectar esa diferencia antes de comprar y comparar los productos con criterios objetivos.
También puede desempeñar un papel importante cuando la inversión está vinculada a una subvención. Si una convocatoria exige una determinada clase energética o un nivel mínimo de eficiencia, la etiqueta y la documentación técnica del modelo ayudan a acreditar que el equipo seleccionado cumple las condiciones.
¿Qué es la etiqueta energética?
La etiqueta energética es un distintivo oficial que ofrece información normalizada sobre la eficiencia y el consumo de determinados productos relacionados con la energía.
Su base jurídica se encuentra en el Reglamento (UE) 2017/1369, que establece el marco europeo para el etiquetado energético. Su objetivo es facilitar información sobre la eficiencia, el consumo de energía, el uso de otros recursos y determinadas características adicionales, de manera que los compradores puedan elegir productos más eficientes.
La escala más reconocible va de la A a la G:
- La clase A, en verde oscuro, identifica los productos más eficientes dentro de su categoría.
- La clase G, en rojo, corresponde a los menos eficientes.
- Las clases intermedias permiten comparar diferentes niveles de consumo y rendimiento.
Esta escala no debe interpretarse como una valoración general de la calidad del producto. La letra indica su comportamiento energético según los métodos de ensayo establecidos para su categoría, pero no informa por sí sola sobre aspectos como la garantía, el servicio técnico, la capacidad, la adecuación al uso previsto o el coste de mantenimiento.
Aunque el diseño general es parecido, cada familia de productos presenta información adaptada a sus características.
Dependiendo del equipo, la etiqueta puede mostrar:
- Consumo de electricidad.
- Consumo de agua.
- Capacidad de carga o volumen útil.
- Nivel de ruido.
- Duración del programa de referencia.
- Eficiencia de centrifugado o condensación.
- Autonomía de la batería.
- Durabilidad.
- Protección frente al agua y al polvo.
- Resistencia a caídas.
- Índice o clase de reparabilidad.
La Comisión Europea mantiene una relación oficial de los productos sujetos a requisitos de diseño ecológico y etiquetado energético. Entre ellos se encuentran frigoríficos, congeladores, lavadoras, lavavajillas, secadoras, pantallas electrónicas, fuentes luminosas, hornos, campanas extractoras, aparatos de climatización y determinados sistemas de calefacción.
Por este motivo, no resulta correcto comparar directamente la cifra de consumo de dos equipos que pertenecen a categorías diferentes, ni siquiera cuando utilizan la misma unidad de medida. El periodo, el ciclo y las condiciones empleadas para calcular el consumo pueden variar.
Cómo interpretar correctamente una etiqueta energética
La clase energética es una buena referencia inicial, pero una compra responsable exige mirar la etiqueta completa.
- La clase de eficiencia
La letra permite situar rápidamente el equipo dentro de la escala aplicable a su categoría. Sin embargo, una clase A no implica necesariamente que el equipo tenga un consumo absoluto bajo.
Un frigorífico de gran capacidad, por ejemplo, puede pertenecer a una clase eficiente y, aun así, consumir más electricidad al año que otro modelo más pequeño. La elección debe tener en cuenta tanto la eficiencia como el tamaño o la capacidad realmente necesarios.
También conviene recordar que no todas las familias de productos utilizan todavía la escala A-G. El reescalado se está produciendo de forma progresiva y algunas categorías conservan temporalmente escalas anteriores, como A+++ a G o A++ a G. El propio marco europeo prevé que las etiquetas se adapten gradualmente a la escala A-G mediante reglamentos específicos para cada grupo de productos.
- El consumo de energía
La cifra de consumo aporta una información especialmente útil porque permite estimar el coste de utilización.
Según el producto, el consumo puede expresarse:
- Por año.
- Por 100 ciclos.
- Por 1.000 horas de funcionamiento.
- Por ciclo o programa.
- En unas condiciones climáticas o de funcionamiento determinadas.
Para comparar dos modelos, ambos datos deben estar calculados con el mismo método y para el mismo periodo. Si uno muestra el consumo anual y otro el consumo por ciclo, habrá que llevar las cifras a una referencia común.
La etiqueta proporciona una medición normalizada, no una predicción exacta de la factura. El consumo real dependerá de la frecuencia de uso, el programa seleccionado, la temperatura, la carga, el mantenimiento y otros factores.
- Los pictogramas
Los símbolos situados habitualmente en la zona inferior de la etiqueta ayudan a valorar aspectos que pueden influir en el uso diario.
En una lavadora pueden indicar la capacidad, el consumo de agua, la duración del programa o el ruido durante el centrifugado. En un lavavajillas pueden mostrar el número de cubiertos. En una pantalla electrónica, el consumo puede diferenciar entre el modo normal y el modo de alto rango dinámico.
Estos datos son importantes porque un equipo eficiente, pero sobredimensionado, puede no ser la opción más adecuada. Comprar más capacidad de la necesaria suele significar pagar más por el aparato y, en muchos casos, asumir un consumo superior.
- El código QR y la base de datos EPREL
Las etiquetas reescaladas incluyen un código QR que enlaza con la ficha del modelo en EPREL, el Registro Europeo de Productos para el Etiquetado Energético.
Los fabricantes e importadores deben registrar en EPREL los modelos sujetos a etiquetado antes de introducirlos en el mercado de la Unión Europea. La base de datos permite consultar la etiqueta, la ficha de información del producto y otras características declaradas oficialmente por el proveedor.
La consulta resulta especialmente útil antes de formalizar una compra subvencionada. Permite comprobar que:
- El modelo está registrado.
- La referencia coincide con la incluida en el presupuesto.
- La etiqueta corresponde al equipo concreto.
- La clase energética es la exigida.
- Las prestaciones declaradas son coherentes con la ficha técnica.
No basta con que el nombre comercial se parezca. Una misma gama puede incluir modelos con capacidades, consumos y clases energéticas diferentes.
Nueva etiqueta para teléfonos y tabletas
Desde el 20 de junio de 2025, los teléfonos inteligentes y las tabletas pizarra incluidos en el ámbito de la normativa europea deben cumplir nuevos requisitos de diseño ecológico y etiquetado energético.
La etiqueta incorpora la escala A-G, pero añade información especialmente relevante para valorar la vida útil del dispositivo:
- Autonomía de la batería por carga.
- Número de ciclos de batería.
- Resistencia a caídas.
- Protección frente al agua y al polvo.
- Clase de reparabilidad.
El cambio amplía el enfoque tradicional. Ya no se valora únicamente cuánta energía consume el dispositivo, sino también cuánto puede durar y qué posibilidades ofrece para ser reparado.
En mayo de 2026 entró además en vigor una corrección de la versión española del reglamento, relacionada con las condiciones para reducir el tamaño de la etiqueta en el embalaje. La corrección precisa que el código QR debe seguir siendo legible y que la etiqueta reducida no puede bajar del 70 % de las dimensiones establecidas.
Reescalado de secadoras domésticas
Las secadoras domésticas adoptaron una nueva etiqueta A-G desde el 1 de julio de 2025, sustituyendo la antigua escala que llegaba hasta A+++. El cambio responde a la mejora tecnológica conseguida durante los últimos años y permite diferenciar mejor los modelos disponibles.
Desde esa misma fecha comenzaron a aplicarse nuevos requisitos de diseño ecológico. Entre sus consecuencias prácticas destaca la introducción de límites de eficiencia que favorecen la tecnología de bomba de calor en las secadoras comercializadas en la Unión Europea.
Por tanto, al revisar una factura o un presupuesto de 2025 en adelante, hay que prestar atención a la fecha en la que el modelo se introdujo en el mercado y a la etiqueta que le correspondía durante el periodo de transición.
Nuevos requisitos para aparatos de calefacción local
Desde el 1 de julio de 2025 se aplican requisitos actualizados de diseño ecológico a determinados aparatos de calefacción local eléctricos, de gas o de combustible líquido. La regulación incorpora exigencias sobre eficiencia, emisiones, consumo en modos de baja potencia, disponibilidad de repuestos e información del producto.
En este caso es importante distinguir entre diseño ecológico y etiquetado energético. Son normas relacionadas, pero no idénticas. Algunos aparatos están sujetos a requisitos mínimos de diseño ecológico y, sin embargo, no llevan etiqueta energética. Los calefactores eléctricos locales, por ejemplo, quedan fuera del etiquetado energético específico actualmente aplicable a esta familia.
Además, desde el 9 de mayo de 2027 se endurecerá el límite de consumo del modo apagado para estos aparatos, que pasará a 0,3 W en los supuestos contemplados por la normativa. Es un ejemplo de cómo los requisitos europeos están prestando cada vez más atención al consumo residual de los equipos.
Etiquetas energéticas, auditorías y subvenciones
Las ayudas destinadas a renovar equipamiento o mejorar la eficiencia energética suelen exigir que las inversiones cumplan determinadas condiciones técnicas. La etiqueta energética puede ayudar a acreditar estos requisitos, pero no constituye por sí sola una justificación completa.
En algunos programas también puede solicitarse una memoria técnica, un cálculo de ahorro o una auditoría energética. Esta última analiza los consumos reales de la empresa, detecta las instalaciones con mayor potencial de mejora y permite comprobar si la sustitución de un equipo está correctamente dimensionada. En España, el marco de referencia sigue siendo el Real Decreto 56/2016, que regula las auditorías energéticas obligatorias para grandes empresas y establece, entre otros criterios, su renovación cada cuatro años y una cobertura mínima del 85 % del consumo de energía final.
Aunque una pyme no esté obligada a realizarla, una auditoría también puede ser útil para priorizar inversiones y justificar técnicamente el ahorro previsto. La etiqueta permite comparar modelos, mientras que la auditoría ayuda a determinar qué equipo necesita realmente la instalación y qué reducción de consumo puede conseguirse.
Según la convocatoria, puede ser necesario conservar:
- La etiqueta energética y la ficha del producto.
- La consulta del modelo en EPREL.
- El presupuesto, la factura y el justificante bancario del pago.
- Fotografías, número de serie y certificado de instalación.
- La memoria técnica, la auditoría energética o el cálculo de ahorro exigido.
- Los datos de consumo anteriores y posteriores a la actuación.
El marco europeo también está evolucionando con la Directiva (UE) 2023/1791 de eficiencia energética, por lo que conviene revisar posibles cambios en la normativa española sobre auditorías y sistemas de gestión de la energía. En cualquier caso, siempre deben comprobarse las bases de la ayuda y las instrucciones del órgano gestor antes de comprar o sustituir un equipo.
Importancia de las etiquetas energéticas
Una inversión no debería valorarse únicamente por el precio de adquisición. Para conocer su coste real hay que considerar también: el consumo durante su vida útil, la intensidad de uso, el mantenimiento, la durabilidad, la disponibilidad de repuestos, la posibilidad de reparación, la garantía, la capacidad necesaria y las condiciones de instalación. El producto más barato no siempre es la opción económicamente más favorable. El consumo de electricidad y agua, la durabilidad y la reparabilidad pueden modificar notablemente el coste total de propiedad.
En una empresa esta diferencia puede ser considerable. Un equipo que funciona ocho horas al día durante todo el año acumula muchas más horas de uso que un electrodoméstico doméstico ocasional. En estos casos, una mejora de eficiencia aparentemente pequeña puede generar un ahorro importante a medio plazo.
Por todo ello, la etiqueta energética es mucho más que una letra de color. Ofrece información que ayuda a estimar el coste de uso, elegir un equipo proporcionado, comparar alternativas y documentar el cumplimiento de determinados requisitos técnicos.Además, su contenido está evolucionando. Las nuevas etiquetas empiezan a incorporar factores como la capacidad de reparación, la resistencia y la duración de las baterías, mientras que los requisitos de diseño ecológico elevan progresivamente las exigencias de eficiencia, consumo residual y disponibilidad de repuestos.
En EProgram ayudamos a empresas y entidades a revisar las condiciones técnicas y documentales de sus inversiones antes de ejecutarlas. Cuando existe una subvención, comprobar la etiqueta, la ficha EPREL y la referencia exacta del modelo antes de realizar el pedido puede marcar la diferencia entre una justificación fluida y un expediente lleno de incidencias.
Porque no se trata solo de comprar un equipo eficiente. También hay que poder demostrarlo.